jueves, 20 de octubre de 2011

Cuando yo sea grande

Ver crecer a tus hijos y convertirse en adultos definitivamente es una bendición pero al mismo tiempo te deja una sensación extraña.  Tu rol de mamá adquiere una nueva faceta como consejera, monitora, que escucha, observa y sugiere ideas, estrategias y cambios. Ya no los llevas literalmente de la mano para que no se pierdan, ya no te miran con esa carita de incertidumbre esperando que les digas cómo hacer las cosas, ya no les ordenas qué hacer para que te obedezcan al primer mandato tuyo...  y pensar que tu misma les enseñastes a ser independientes, a dar pasos firmes hacia la vida de adultos...


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